miércoles, 1 de febrero de 2017

El tiburón que vomitó restos humanos

La historia ocupó los titulares de los periódicos de Australia el 25 de abril de 1935, el Día de Anzac, pero en realidad comenzó unos días antes, en las playas de un suburbio de Sydney. Bert Hobson salió en su pequeña embarcación para examinar las líneas que antes había cebado con caballa; navegaba a un kilómetro y medio de Coogee Beach. En una de sus líneas de pesca, descubrió un tiburoncillo, a punto de ser devorado por un enorme tiburón tigre. Cuando Hobson comenzó a tirar del hilo, advirtió que el tiburón tigre, un gigante de 4 metros de largo, se había enganchado en el anzuelo. 

El pescador remolcó su presa hasta la playa y se la regaló a su hermano Charles, que dirigía un acuario en Coogee. El tiburón tigre permaneció varios días en el acuario, convertido en una atracción muy apreciada por los visitantes, hasta que, el 25 de abril, comenzó a sufrir convulsiones. El tiburón se agitaba en el agua, vomitando todo lo que contenía su estómago: peces, pájaros, trozos del tiburón pequeño... y un brazo humano. El espectáculo hizo que varios visitantes, que lo estaban observando en ese momento, se sintieran aterrados. Charles Hobson, en cambio, actuó con rapidez: extrajo el brazo del acuario y llamó por teléfono a la policía. 

Tiburón-tigre

Los agentes encargados del caso comprobaron que aquello tan repugnante era el brazo izquierdo de un hombre; en el antebrazo había un tatuaje que representaba dos boxeadores. Descubrieron también un trozo de cuerda atado a la muñeca. La policía llegó a la conclusión de que se estaba ante el resultado del ataque de un tiburón a un nadador solitario o a un navegante. Pero, a medida que pasaban los días, comenzaron a crecer las sospechas de que se trataba de un crimen. No se había denunciado la desaparición de ninguna persona en ninguna de las playas de Sydney. Un cirujano policial que examinó la extremidad, declaró que el brazo no había sido arrancado del cuerpo por el tiburón, sino que había sido limpiamente amputado con un cuchillo de mucho filo. La policía tomó las impresiones digitales de la mano: a pesar de que se habían desdibujado, los expertos consiguieron impresiones claras del pulgar y el anular, y descubrieron que pertenecían a un hombre incluido en los archivos policiales. Se trataba de James Smith, que dirigía un enorme salón de billares, llamado el Rozelle Sports Club, y que había sido arrestado en una ocasión acusado de ser un corredor de apuestas ilegales. Smith había desaparecido de su casa 18 días antes; su hermano, Edward, identificó el brazo, pero le fue imposible aportar algún dato sobre los últimos movimientos de su familiar. Y todo lo que Gladys, la esposa de la víctima, podía aportar era que su marido había dejado su casa diciendo que se iba a una excursión de pesca. 

La policía comenzó entonces a buscar a John Brady, un amigo de la víctima. No fue tarea fácil dar con su paradero, porque Brady se ocultaba, buscado por la policía de Tasmania, que le acusaba del delito de falsificación. Pero finalmente fue localizado el 16 de mayo: estaba viviendo con su mujer en un pequeño departamento, al norte de Sydney. Interrogado por la policía, Brady admitió que había compartido con Smith una cabaña en Cromella, en la misma zona de la costa donde luego se capturó al tiburón, pero negó saber algo sobre la muerte de su amigo. La investigación se prolongó durante siete meses. Buzos y aviones rastrearon las aguas de la había Gummamatta, cerca de Cromella, esperando encontrar más restos, pero sin resultado. La policía sospechaba que Smith y Brady habían estado organizando un fraude contra una compañía de seguros. con un yate cuyo paradero, aparentemente, nadie conocía. Los agentes se entrevistaron con el antiguo dueño del yate, que para ellos constituía un testigo decisivo. Pero un día antes de la fecha fijada para la apertura de la audiencia judicial sobre la muerte de Smith, el testigo fue encontrado muerto de un disparo en su coche, aparcado cerca del célebre Harbour Budge, de Sydney. 

El día de la encuesta judicial los detectives recibieron otro golpe: el juez de instrucción dictaminó que la audiencia no podía realizarse mientras no apareciera el resto del cadáver. A pesar de todo, Brady fue acusado de asesinato y sometido a proceso. El juicio sólo duró dos días: el juez se negó a admitir como pruebas las declaraciones firmadas por el testigo, el antiguo dueño del yate, antes de morir asesinado de un disparo. Desprovisto de esta prueba, el jurado no tuvo más remedio que absolver a Brady. Tiempo después se acusó a dos hombres por el asesinato del testigo, pero también fueron absueltos. 

Brady continuó su carrera criminal; pasó más de 20 años de su vida en la cárcel y murió a los 71 años, de un ataque cardíaco, en una residencia-prisión de repatriados. Con la muerte de Brady se desvaneció toda esperanza de resolver el caso del tiburón que vomitó un brazo humano. La policía, sin embargo, consiguió establecer una teoría sobre la muerte de James Smith; una teoría que, sin duda, resulta más fantástica que cualquier obra de ficción: Los investigadores creen que Smith pasó unos días con Brady en Cromella, para planear su último fraude; sospechan que los dos hombres riñeron por el reparto del botín. La policía opina que Brady asesinó a su cómplice y descuartizó el cadáver, colocó los restos en un baúl de metal y comprobó que uno de los brazos no cabía en él. Entonces ató el brazo con una cuerda y lo fijó a la parte exterior del baúl, antes de arrojar la terrible evidencia al mar. Un pequeño tiburón, atraído por la sangre, se acercó al baúl y con sus afilados dientes rompió la cuerda que sujetaba el brazo; una vez quedó libre la extremidad, se la tragó de un bocado. Su próxima comida fue la caballa con que el pescador Hobson había cebado sus líneas. Y fue entonces cuando el pequeño tiburón se convirtió él mismo en presa del tiburón gigante, de 4 metros de longitud, que luego se convertiría en la principal atracción del acuario de Coogee. 
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